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La escalada del conflicto comercial internacional: efectos sobre la economía global

Fernando Morilla García

Economista

Sobre mi

Licenciado en Ciencias Económicas y Licenciado en Ciencias Actuariales y Financieras por la Universidad de Málaga. Experto en Dirección financiera por ESESA. Actualmente desempeña su labor profesional en Analistas Económicos de Andalucía.

La economía y la geopolítica constituyen los nuevos campos de batalla en la actualidad y sobre ellas se articulan las estrategias para conseguir o mantener la hegemonía mundial

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En un mundo globalizado como el actual el impacto de las decisiones políticas y económicas excede a los actores directamente implicados en las mismas. Por ello, la escalada de tensión internacional a la que hemos asistido durante los últimos meses, marcada por un endurecimiento de las medidas proteccionistas sobre las importaciones de productos, está generando incertidumbre a escala mundial.

 

No cabe duda de que la economía y la geopolítica constituyen los nuevos campos de batalla en la actualidad y sobre ellas se articulan las estrategias para conseguir o mantener la hegemonía mundial. Con este objetivo, desde principios de 2018, EE.UU. ha impuesto aranceles sobre determinados productos procedentes de China, la Unión Europea, Rusia, Canadá, México y Turquía, entre otros países, bajo la justificación de proteger la seguridad nacional.

 

La respuesta por parte de los países afectados se ha concretado, siguiendo la misma línea, en la aplicación de aranceles a los productos estadounidenses, iniciando una espiral proteccionista que amenaza con convertirse, si no lo ha hecho ya, en una guerra comercial, que está siendo especialmente acusada entre EE.UU. y China. No obstante, los precedentes históricos ponen de manifiesto que estos conflictos no generan vencedores.

 

Economía mundial

 

A lo largo de 2018, los principales organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, OMC, OCDE y BCE) han venido apuntando los efectos devastadores que pueden ocasionar las medidas proteccionistas para la economía global, tales como el impacto negativo para la propia economía estadounidense y la debacle del comercio y de la economía mundial.

 

Aunque muchos de estos efectos pueden materializarse a largo plazo, algunos datos empiezan a recoger esta tendencia negativa. Según la OCDE, el crecimiento del PIB mundial se habría situado en el 3,7% en 2018 y se prevé una ralentización del mismo hasta el 3,5% en 2019. Asimismo, la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha rebajado sus estimaciones de crecimiento de la actividad comercial mundial hasta el 3,9% en 2018, proyectando un avance inferior para este año (3,7%), reflejo de que las restricciones comerciales están menoscabando la confianza y suponen una amenaza para los planes de inversión de las empresas.

 

Los mercados financieros también han recogido los efectos adversos de la tensión comercial. Las bolsas, como indicador adelantado, han mostrado descensos de la cotización de las empresas vinculadas con los sectores más afectados por los aranceles en 2018 (acero, aluminio, lavadoras, paneles solares, automóviles, etc.).

 

 

Unión Europea

 

En el ámbito de la UE, los efectos de la guerra comercial se suman a la incertidumbre generada por el Brexit, cuyo acuerdo no ha sido respaldado por parte del Parlamento británico. En este contexto, el nuevo Gobierno estadounidense paralizó las negociaciones de un acuerdo bilateral (TTIP - Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión) que prácticamente se había cerrado con la Administración Obama, marcando el inicio de las tensiones comerciales.

 

La posterior decisión de aplicar aranceles a los productos procedentes de la UE agravó el conflicto, si bien en los últimos meses se ha alcanzado finalmente un compromiso entre las partes para liberalizar la mayor parte de los productos. No obstante, algunos sectores han quedado fuera del acuerdo, lo que podría afectar a determinadas economías europeas dependientes de los mismos, por lo que la UE se ha planteado llevar estos casos a la OMC.

 

Algunos ejemplos son la posible aplicación de aranceles a las importaciones de automóviles (que afectaría en gran medida a Alemania) y a la aceituna negra española, lo que podría suponer un precedente aplicable a cualquier otro producto europeo que reciba el apoyo de la Política Agrícola Común (PAC).

 

Empresas y ciudadanos

 

Pero estos efectos no solo pueden apreciarse a nivel macroeconómico, sino que también se trasladan a la actividad de las empresas y a los ciudadanos. Por un lado, aunque los productores locales puedan beneficiarse de los aranceles impuestos a sus competidores extranjeros, paradójicamente estas medidas perjudicarán a las empresas nacionales que consuman estos productos, ya que se traducirán en un encarecimiento de sus precios.

 

Además, con la globalización y la internacionalización de las cadenas de valor, las propias empresas locales podrían verse afectadas por las barreras a la entrada sobre los productos en cuyos procesos participen, sufriendo un descenso de la producción y una reducción de sus plantillas.

 

En cuanto a los ciudadanos, los efectos negativos sobre las empresas podrían ocasionar un deterioro de las condiciones laborales, con recortes en términos de salarios y de empleo. Asimismo, la aplicación de aranceles repercutirá en el precio final de los productos, lo que constituye una merma para el poder adquisitivo de los hogares.

 

Retos y perspectivas

 

En definitiva, retomar la senda de la negociación multilateral resulta clave para suavizar las tensiones comerciales, minimizar su impacto sobre la economía mundial y recuperar un clima de confianza que reactive los planes de comercio e inversión. Un primer paso en este sentido se ha producido durante la última reunión del G-20 celebrada en Buenos Aires a finales de noviembre, que se ha saldado con una tregua entre EE.UU. y China y la suspensión de nuevos aranceles.

 

Sin embargo, para la consecución de los objetivos antes reseñados también es imprescindible no dañar la credibilidad de los organismos que, como la OMC, se han creado precisamente para ejercer de intermediario en este tipo de conflictos en los que han fracasado los acuerdos bilaterales y cuyas reglas es preciso cumplir. 

 

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