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agile

Mamá, quiero ser “Agile”

Francisco Rábano Crespo

Experto en Nuevas Metodologías de Trabajo

Sobre mi

Involucrado en el mundo de las startups españolas y americanas, entrena a equipos con la intención de obtener resultados deseados y facilitar el desarrollo profesional de quienes los componen. Actualmente combina intervenciones como speaker invitado y consejero externo para compañías de todo tipo.

Las metodologías "agile" son recetas desarrolladas por otras empresas cuyo contexto y necesidades pueden o no coincidir con las nuestras

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Se ha puesto muy de moda en el mundo empresarial hablar de “Agile”; de lo muy “Agile” que es una empresa o de lo muy “Agile” que quiere llegar a ser. Casi toda empresa involucrada en un proceso de transformación digital, de algún, modo pretende incorporar metodologías ágiles en sus planes, ya que se perciben como el “Santo Grial” y la panacea que todo lo resuelve.

 

Pero, esto ¿qué es?, ¿por qué se ha puesto tan de moda?

 

En primer lugar, hay que señalar que “Agile” o “agilidad” es un marco conceptual, una manera de entender el trabajo y no una metodología con pasos específicos; lo segundo, que tenemos que entender es que “agilidad” no significa “trabajar más rápido” sino “reaccionar más rápido”.

 

Pero ¿reaccionar más rápido ante qué? Pues ante las amenazas u oportunidades que puedan producirse en nuestro entorno. Estamos ante un futuro inmediato que se antoja cambiante, incierto, ambiguo. Hay que estar preparados para un mundo en el que la única constante es el cambio permanente. Esa es la verdadera agilidad en la empresa. 

 

“Agile” se basa en 4 preceptos fundamentales:

  • Lo realmente importante es la entrega de producto: el reporte de actividades o generar documentación importa poco o nada.
  • Uno de los valores principales consiste en ser capaces de reaccionar al cambio frente a seguir un plan al milímetro.
  • Se otorga más valor a las relaciones directas entre las personas que a los protocolos y las herramientas a usar.
  • De lo que se trata es de fomentar la colaboración frente a entablar negociaciones entre partes.

 

Y trata de responder a la pregunta: ¿de qué modo podemos acelerar los tiempos de entrega de nuestros proyectos, con entregas continuas y haciendo que lo que se entregue sea realmente útil?

 

De esta manera de entender el trabajo y las relaciones entre las partes salen las llamadas metodologías agile, como por ejemplo Scrum. Por cierto, algo que no debemos olvidar es que las metodologías agile son recetas desarrolladas por otras empresas cuyo contexto y necesidades pueden o no coincidir con las nuestras

 

Por eso, en nuestras organizaciones, el objetivo no puede ser nunca “ser agile” y aunque al principio, especialmente si no cuentas con nadie que te pueda guiar por este camino, puede ser bueno echar mano de recetas que ya han sido probadas. También has de tener en cuenta que no hay nada menos ágil que la trampa de las categorías rígidas que nos impiden ser flexibles. Hay que huir de esa prisión intelectual que consiste en tratar de aplicar normas redactadas por otros sin tener en cuenta cuál es nuestro contexto y nuestra situación específica.

 

Así que olvidémonos de aplicar a pies juntillas metodologías específicas, pensemos en que ser ágil significa poner el foco en los elementos que facilitan el sacar adelante trabajo de calidad y a tiempo y que su pivote principal consiste en trabajar en ciclos cortos con pausas para la reflexión y el aprendizaje para así orientarnos a la mejora continua.

 

Solo así, mediante ejercicios reflexivos, puestos en marcha a intervalos regulares y no muy distanciados en el tiempo, tiene uno tiempo de corregir si fuera necesario y avanzar por el camino correcto. Preguntémonos:

  • ¿Qué hemos hecho?
  • ¿Cómo ha ido? 
  • ¿Qué hemos aprendido? 
  • ¿Cuáles serán los siguientes pasos?

 

No fue Darwin sino un estudiante suyo el que pronunció la frase “Ni el más fuerte ni el más inteligente, sino el que mejor se adapta, ése es el que sobrevive”. Pero da igual, la frase ilustra perfectamente de qué va todo esto del “Agile”. Tenemos que estar preparados, continuamente. Es el signo de nuestros tiempos.

 

Introspección, reflexión, aprendizaje, entrega frecuente.

 

Y vuelta a empezar.

 

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